
Buenos Aires se me ocurre una vieja conocida a la que cada vez que encuentro le resalta el botox y las liposucciones; como si quisiera ser otra y no evolucionar, remendar y no crecer.
Quizás sea resultado de que hubo un tiempo no muy lejano en que destruyeron su esencia y cuando intentó volver a ser, solo lo logró al estilo de"La muerte le sienta bien", esa peli con Meryl Streep y Bruce Willis.
No soporto verla convertida en una escenario, me duele.
La miro desde arriba en ese adiós que intuyo definitivo porque es un adiós interno.
Las luces de la noche, mientras el avión la cruza muestran toda su magnitud, es enorme, pretenciosa, expansiva, cada vez más alto, cada vez más lejos, no me pertenece.
Hasta que llegando al río cuando la oscuridad comienza a ser total, me cubro de recuerdos.
El lugar en el que uno ha nacido nos marca; y a mí me gusta haber nacido en Buenos Aires.
Me identifico con lo que fué, aunque rechace lo que es.
Quizás ella diría lo mismo de mí. No lo sé.
Me quedo con mi barrio, el colectivo por Juan B. Justo desde Palermo, el 124 a la facu, las noches en Chacarita esperando el 162.
La Recoleta por dentro, cuando no era ese cementerio mal cuidado y con guía de hoy, sino unas cruces de marmol ostentoso que sobresalían del paredón; un Père Lachaise a la argentina al que podía uno asomarse en los descansos del amor, desde alguna ventana de la calle Azcuénaga.
Muerte y sexo, a lo Borges....que placer; la bajada de Plaza Francia un domingo por la tarde sin el Buenos Aires design. La costanera y los carritos.
Y Woodstock de madrugada en el cine de Federico Lacroze.
Mis hijas jugando en la plaza la calle Avellaneda. Las medialunas de manteca del Torreón, al lado de la estación de belgrano R, los domingos por la mañana, leyendo el diario.
Basta.
Buenos Aires y yo nos despedimos hace mucho. Hace casi veinte años.
Y no hay nada peor que los "hola", sin los "hasta luego".
Todas las ciudades cambian, crecen, destruyen parte de su pasado para seguir con vida.
Ese no es el problema.
Quizás no hay problema, quizás se trate solo de números y globalización.
Quizás debiera volver al barrio y buscar mi casa para cerrar el círculo.
Pero es que yo tampoco quiero volver al pasado, porque si lo hago inevitablemente será una forma de comenzar a morir.